Descanso, precaución y estrés en la fotografía de paisaje

Hace ya unos cuantos meses que creé la web y desde entonces estoy pensando como enfocar el blog. A partir de ahora, y con cierta regularidad (sed un poco permisivos en este aspecto...), hablaré sobre experiencias, con artículos de opinión, siempre desde un punto de vista fotográfico y, aunque algunas se puedan extrapolar a otras modalidades, desde el punto de vista del paisaje. Cabe recordar que las opiniones y vivencias aquí vertidas son personales y como tal se deben de leer, es posible que muchas no se compartan aunque espero que al menos se comprendan.

Empezaré hablando de algunos factores que considero importantísimos en la fotografía de paisaje y que, generalmente, no se les otorga demasiada relevancia: el descanso, el estrés y la precaución a la hora de fotografiar. 

 

Pueden parecer tres cosas claramente distintas pero realmente tienen una fuerte vinculación entre sí: a más descanso uno piensa mejor y está más tranquilo, por lo que el estrés es menor y se puede tener una gran claridad de pensamiento, no sólo a la hora de fotografiar el paisaje, sino también para manejar mejor el equipo y tomar mejores decisiones.

 

A menos descanso, se genera mucha más fatiga mental, el estado de ánimo puede incrementar nuestra ira,  ante factores adversos (que generalmente se dan) uno puede caer en una pequeña depresión que nos impida fotografiar y nos puede llevar a tomar decisiones equivocadas lo cual supondría una fatalidad al manejar un equipo caro o, incluso, a ponernos realmente en peligro, en condiciones adversas. 


Siempre recomiendo haber descansado antes del acto fotográfico. A veces, supone hasta cambiar el hábito de dormir en el horario habitual. Por ejemplo, cuando se quiere fotografiar durante largas horas en la noche la vía láctea:

 

 

Para hacer esta fotografía, y aunque fue un trabajo planificado con varios fotógrafos, tuve que ir cambiando el horario poco a poco durante la semana anterior para conseguir dormir de día y levantarme tras el atardecer. Esta fotografía está realizada a las 4 de la madrugada, tras un gran trabajo de colocación de flashes, difusores y geles. Si no hubiese descansado y me hubiera tomado las molestias que me tomé para ir cambiando progresivamente el sueño, estoy convencido de que no habría salido igual.

El estrés fotográfico y la fatiga mental también están unidos a un correcto uso del equipo ante los peligros que pueden aparecer. 


El uso del equipo fotográfico ante el paisaje siempre supone un gran reto para el fotógrafo ya que hay muchas pequeñas y grandes cosas a las que debe de volcar su total atención mientras debe de "armar" la fotografía en su cabeza. Este asunto no es baladí.

El mero hecho de hacer los movimientos correctos, de pisar correctamente en superficies húmedas y resbaladizas, de poner el trípode bien abierto y estable, usándolo así y con seguridad cuando, por ejemplo, estás en mitad de un río, puede suponer que el fotógrafo gane confianza, esté relativamente a gusto y piense en lo que realmente debe de pensar: la fotografía.

Tras leer muchísimos manuales de fotografía prácticamente nadie habla de este aspecto que considero fundamental. El manejo correcto y con seguridad del equipo en situaciones "no convencionales" es una de las enseñanzas que un fotógrafo de paisaje debe de aprender.

 

 

El uso correcto del trípode, bien apoyado, con el punto de gravedad centrado y la seguridad que me trasmitieron mis movimientos a pesar de estar en mitad de un río me permitieron centrarme en la fotografía que estaba imaginando en mi mente. Para llegar a ella recurrí a un apilamiento de enfoque y a varios filtros (DNGs 0.9 + polarizador) junto al uso de un poco de tarjeta negra. Mucho que imaginar y pensar en una situación relativamente "incomoda". Sin embargo, conseguí la fotografía:

 

 

No hay que olvidar que ante todo soy fotógrafo y, aunque debo siempre valorar constantemente el peligro al que me enfrento, mi misión es conseguir la fotografía que tengo en mente. Si me diese miedo cualquier cosa renunciaría a una gran cantidad de fotografías pero tampoco intento arriesgarme enormemente y si veo que realmente hay algo realmente peligroso y no veo forma de pormenorizar el peligro, renuncio a ella.

 

A veces, el límite es una delgada linea y es difícil discernir entre intentar la fotografía o abandonarla, la experiencia siempre supone un plus más a nuestro favor en esta cuestión:

 

En esta fotografía, la espera del acto efímero de la puesta de sol sobre un jinete paseando en su caballo  frente a los barcos faenando en Sanlúcar de Barrameda me supuso 37 picaduras de mosquito tigre. Sentía que me estaban picando incluso a través de la camiseta pero conseguí aguantar y ser paciente unos minutos para finalmente conseguirla.

 


Otra cuestión que influye claramente en el acto fotográfico y que obviamente está vinculado al descanso es: el estrés.

El estrés fotográfico es algo que se da por sabido que los fotógrafos de naturaleza y paisaje no tienen. Simplemente se piensa que es un tipo de fotografía tranquila en la que se tiene todo el tiempo del mundo para preparar la fotografía. No se puede estar más equivocado.

 

La fotografía de paisaje, al menos como yo la concibo, supone la búsqueda de un instante fugaz, de una luz concreta, con una atmósfera concreta y unos colores concretos. Eso supone ser tremendamente metódico invirtiendo muchísimo tiempo para controlar todo lo que puedes medianamente controlar y, a pesar de todo, llegado el momento ocurren siempre imprevistos a los que el fotógrafo debe de adaptarse para conseguir la fotografía que está buscando, ser rápido para pensar parámetros de exposición, composición, filtros... 
 

 

Para hacer esta fotografía, el día anterior había explorado previamente este emplazamiento en El Playazo de Cabo de Gata. Comprobé la posición solar, la climatología, que la marea iba a estar alta al amanecer e iba a ver un intenso oleaje, lo que podría provocar que el agua llegase al hoyo. Al amanecer, había acertado en lo de la posición solar, clima, marea y oleaje, sin embargo, el agua no conseguía llegar a la zona dónde quería que llegase. El sol empezaba a despuntar por el horizonte y aún no había indicios de que el agua llegase. Finalmente, con la cámara preparada, los filtros colocados, con la tarjeta negra en una mano y el mando disparador en la otra una gran ola rompió en el acantilado llegando y cubriendo el hoyo, creando así un pequeño chorro que desparramaba el agua por las extrañas rocas al que la luz solar incidía directamente. Un efímero instante dónde el estrés por conseguir la fotografía se disparó y que de haberme "atascado" con el equipo, no haber tenido paciencia o no haber hecho una gran labor de planificación no habría conseguido.

En la fotografía de paisaje muy habitualmente todo ocurre en segundos. Es por eso que saber también controlar el estrés es muy importante. Y, por tanto, el descanso influye directamente sobre él, al igual que lo hace un muy buen control sobre el equipo fotográfico entre otros factores. 

A pesar de todo, siempre ocurren imprevistos en la toma fotográfica y el fotógrafo debe de lidiar con ellos. Es por eso importante tener una cierta claridad de pensamiento e ingenio para poder afrontarlos de forma exitosa. Nunca sale al 100% lo que uno tiene planeado y previsto. 

 

Por ejemplo, hace poco estuve por el cauce del famoso río Tinto en Huelva. Allí se me rompió la rótula de bola que tenía en el trípode por desgaste (Feisol cb-50dc) y la rosca que ajustaba el movimiento circular horizontal de ella dejó de funcionar por lo que bailaba completamente. En mi mente vi una fotografía que me gustó y ni corto ni perezoso empecé a colocar el trípode en un sitio bastante estrecho. La cámara oscilaba fuertemente así que se me ocurrió colocar una pequeña lasca de piedra plana que encontré en la ranura para así bloquearla. Esto me permitió hacer un apilamiento de enfoque bastante pronunciado y conseguir la fotografía sin trepidación o movimiento alguno:
 

 

Otro ejemplo más, andaba por el recinto de templos de Angkor en Camboya cuando me encontré con un templo que tenía 3 árboles en su acceso. Había tal cantidad de humedad y sudaba tanto que todo estaba realmente mojado, todos mis objetivos estaban totalmente empañados, excepto los que tenían recubrimiento de fluorita. En este caso opté por el Tamron 15-30 f/2.8, literalmente chorreaba agua y obviamente no podía usar filtro alguno puesto que de ipso facto se empañaban. Lidiando con la tarjeta negra y ajustando las altas luces para recuperarlas en el revelado, conseguí sacar la fotografía que buscaba. La opción de hdr no era viable puesto que sabía que el viento movía las hojas de un árbol de forma aleatoria y habría sido inútil intentarlo.
 


Obviamente también influyen en el descanso y, por tanto, en el ingenio, el conocimiento de nuestras "herramientas" (objetivos, cámaras, trípode, filtros...), el peso que cargamos, la distancia a la que nos desplazamos... (Otro día hablaré sobre esto en más profundidad...)

 

En definitivas cuentas, la fotografía de paisaje, al menos para mí, requiere la mente hábil, el cuerpo fresco y un conocimiento total de nuestro equipo y habilidades.

Espero que con lo he expuesto aquí, al menos siembre la semilla de la reflexión sobre la importancia del descanso que afecta directamente al estrés, a la claridad de pensamiento e ingenio y a la toma de decisiones correctas.

Un saludo.

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Entradas destacadas

Descanso, precaución y estrés en la fotografía de paisaje

11/4/2017

1/1
Please reload

Entradas recientes

27/6/2017

Please reload

Archivo
Please reload

Sígueme
  • Facebook Basic Black
  • Flickr - Black Circle
  • 500px_14067